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la habitación blanca[1]


::david bergel::

(nota del editor: el autor había plasmado en su texto una riqueza cromática que se ha perdido en esta versión web pero que puede disfrutarse en la versión pdf descargable aqui)

 

Antes de entrar, no le pregunté nada, no le hice firmar ningún papel, no le pedí el absurdo dinero, sólo le rogué que anudara su conciencia a la mía, y que contestara a cada pregunta que le formulara.

Cerré la puerta, la habitación estaba completamente vacía, seis paredes, blancas de arriba a abajo de izquierda a derecha. La blancura era en dos, en tres dimensiones, el tiempo, la cuarta dimensión, también era blanco.
Grité ¡MARIA!, y al rebotar en las paredes, su nombre explotó como confeti blanco.

Descríbeme la habitación, solicité deslumbrado por la pureza del sitio.

Veo todo pálido, enfermo, sórdidamente gastado, reflejo de una rugosa decadencia, sucio al tacto, es como si estuviéramos enfundados en un vestido con lamparones, con manchas de lejía.

Cogí mi mano, me acerque a la pared, empecé a pintarla de rojo, amarillo, azul, verde, elegí también el añil, ¿sabías que el añil es el único color que sólo existe en España? Ellos no tienen la ñ y no la pueden combinar con el azul y el blanco, ésta es la fórmula exacta de este color.

En unos segundos la habitación parecía un cuarto de guardería, caóticos trazos de niño se mezclaban dibujando, soles verdaderamente verdes, cielos mareados, mares cielados bosques caleidoscópicos, pájaros rosas, rosas pájaros. Un verdadero cuadro de color y vida.
Ni un resquicio de blanco, ni una naftalina del pasado, ni un ademán del futuro. Empezábamos de cero, a nacer en esa habitación, borrados de la faz del tiempo, para renacernos en el color, bañados en añil

Que es lo que ves ¡¡¡ Grite con alegría.

Una habitación pequeña, un relato de blancos, una mortecina luz, por un casquillo de bombilla proyectada, una indigencia de color, pidiendo una limosna de rojo, de verde, tengo tres hijos y estoy enferma.

Esto no funciona, ¿que es lo que ha cambiado? Has matizado mi vida pero sigue siendo la mía. La pared no es menos ladrillo porque la cubras de color, de papel, de corcho.

No era la primera vez, ni la última, ni la primera puesta en último lugar, en la que las cosas no funcionaban con la primera brisa de epítetos de color.

Sabía que no sería fácil poner la vida de María, arriba las patas, que nadie cambia sin quererlo, sin proponerse que la mirada, es el primero de los sentidos y que el filtro a la vida, comienza en los colores. Si no eres capaz de ver el azul, ¿como vas a ver el mar?





 

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