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velcro


::samuel rodríguez::

El velcro se ha utilizado en innumerables trucos de magia. Por su versatilidad, por su rapidez en el manejo, por su discreción... Sólo hay algo quizás que el velcro aún no ha logrado perfeccionar, el sonido del abrochar y el desabrochar. Mientras suena la música durante el truco de magia, el velcro se abre y se cierra, hace su trabajo en silencio, encuentro de las miradas que escuchan la música que distrae del sonido sintético.

Aquella noche en aquel bar, el novio de la chica hizo un truco de magia, bueno, muy bueno. Me dijo: Dime un número del un al nueve, el nueve. Recortó la página nueve del periódico, cogió un artículo cualquiera, lo recortó, leyó la línea nueve del artículo, todos atentos... de repente se desabrochó la camisa y en su brazo izquierdo apareció escrita la frase de la línea número nueve, del artículo de la página nueve... MAGIA. Todo fue muy rápido, era imposible que hubiese podido abrirse la manga y escribirlo durante el espectáculo. Es decir, havia truco, no fue real. Pero el novio de ella, aún siendo más rápido con la mano que con la vista, aún teniendo ese poder especial de atracción magnética hacia el público, no pudo ver lo realmente mágico de aquella noche... algo que hizo y deshizo mis fantasías, que me transportó a la magia más real.

Era la musa del mago. Pero el mago no sabe que también fue mía por unos instantes. Durante el truco ella me rozó, me cogió del brazo, me miró... sonreía los trucos del mago, pero me miraba tan intenso que no podía aguantar sus ojos sobre los míos. Ojos negros de color de magia.

Con mi copa en la mano, una fuerza impulsaba a besar esa boca exótica, y de fondo los aplausos del público hacia el mago... No podía parar de recordar esa primera noche que se fundió en mi esa piel morena, esos ojos, ese pelo corto juguetón... Y ahí la tenía, observándome a mí a la vez que a su truco de magia... y mi ron se terminaba, y ellos salían por la puerta...

Creo que la camisa del mago llevaba los puños de velcro, o quizás toda la manga. Lo que verdaderamente me importa de aquella noche es lo que vino después. Sentado en mi cama, 4 de la mañana, los ojos clavados, la respiración cortada... quería sentir ese cuerpo en mi de nuevo... Necesitaba un buen truco, una buena excusa para presentarme en su casa, sacarla de los brazos del mago y llevármela en volandas. Pero no hizo falta, el efecto velcro hizo acto de presencia de nuevo. A las 4:30 mi móvil sonaba... subía por las escaleras, entraba en mi casa, abrazaba mis brazos, besaba mi boca... ella no sabe que Velcro es el efecto del bar que visitamos cuando nos conocimos, el efecto del truco de mis besos que la buscan. La magia real de aquello que no se puede esconder, de la atracción que une, como la parte plástica del Velcro y la parte textil. Se enganchan, y por separado no sirven para nada.

Pero igual que se unen se separan. Y ella volvió a su lugar... dejándome de nuevo con mi mitad de velcro al desnudo, herido, temblando por encontrarla de nuevo, por volver a sentir la magia del velcro en VELCRO BAR.








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© ::samuel rodríguez:: www.yambria.org ::barcelona:: 2007