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El catedrático
:: Iolanda Villar ::

Tal vez fue que se alinearon los astros o que Dios escuchó a mi tía abuela, que reza por toda la familia, y si eres ateo, con más motivo, porque no hablas directamente con Dios.
El caso es que ahora mismo estoy en clase, metida en un posgrado de prestigio y precio infinito, sin haber pagado un duro.
Y la clase es especialmente amena. Amena e interesante. Claro, el profesor es uno de los mejores catedráticos en esta materia, uno de esos personajes que es contratado por los gobiernos más importantes para asesorarles en sus temas predilectos.
Y lo más impresionante es que además de escribir unos artículos tan buenos y de dirigir grandes investigaciones, y , y , y... es decir, además de ser un mega crack, tiene una gran vocación pedagógica y unas muy buenas artes oratorias.

Presto toda la tensión que puedo (de vez en cuando escucho una vocecilla que me recuerda la suerte que tengo), y voy tomando alguna que otra nota sintetizada de lo que va diciendo.
Pero de pronto me doy cuenta de que no estoy escuchándole. Sí le estoy mirando, embobada.
Nunca había visto una calva tan perfecta.

Cuando me repito a mí misma esta frase tengo que esforzarme por no echarme a reír en medio de la clase. Nunca me han gustado los hombres calvos; no tengo nada en su contra pero, por el momento, no me atraen.

Y el catedrático no me gusta. Me gusta la calva. Es absolutamente brillante, no tiene ni un pelo en la zona afectada (?); en cambio a partir de media oreja tiene el pelo totalmente homogéneo. Son los pelos blancos más brillantes y sedosos que he visto nunca, con un leve contoneo ondulado.
Y para lucir una calva tan perfecta es muy importante el buen estado de la piel. La de la cara ya se presenta sobradamente tersa para la edad que tiene, pero la de la calva incluso tiene un brillo saludable digno de envidia. Eso no es todo, el tono de su piel mestiza lo acaba de matizar. Esa mezcla entre el Sur del Mediterraneo y el Medio Oriente le da a la calva el contraste necesario con la blancura del pelo y la barba.

Y cuanto más le miro, más fantástica me parece esa calva. Si yo fuera calva, querría tener la cabeza como el catedrático. Incluso por dentro.

 



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© Iolanda Villar :: yambria :: barcelona :: 2004