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“In the company of men” de Neil LaBute
:: Tomás Muñoz Sacristán:: [bcn 31.01.03]

Para los que soñamos (aunque sea vagamente) con convertirnos en cineastas (o por lo menos narradores) hay películas tan absolutamente magistrales que al abandonar la sala se abandonan al tiempo las esperanzas de conseguir genialidades parecidas. En esas ocasiones el cine parece cuestión de alquimistas, de saberes inalcanzables. Otras películas nos divierten, nos seducen, al tiempo que no dejan de mostrarse como un juego apasionante con buena parte de sus mecanismos al descubierto, como uno de esos relojes que se llevan ahora con la carcasa transparente, enseñando descaradamente las tripas.
La película de Neil LaBute se nota construida a partir de las premisas de juego, más que de cualquier otra motivación (¿la búsqueda de la verdad? ), un juego con el espectador, por supuesto, del que los aprendices a narrador podemos extraer valiosas enseñanzas.
Al concluir el film, manejado a placer por el autor, enfadado por el final, lo primero que dije fue “es un manipulador”. Lo sentía así, pero no era capaz de explicarme.
Neil LaBute es sin duda un narrador hábil que construye su farsa sobre una base aparentemente sencilla, frustrar los deseos del espectador. Yo como espectador con gusto por el destripe y análisis, no puedo sino maravillarme de lo bien que funciona el film.
Comencemos por los personajes. Tomados aisladamente no dejan de ser perfectos estereotipos sin apenas detalles personales que inviten a pensar en una vida propia fuera de la película. Tenemos al cabrón sin escrúpulos que se sale con la suya; al trabajador esforzado de origen humilde, leal, manipulable (con gafas, el tipo preferido en las actuaciones de magos para colaborador del público); y por fin a la chica sorda, frágil, inocente, guapa, confiada. Nada más. Ninguno se sale de su papel durante las semanas de la historia, el cabrón se reirá y progresará y los débiles sufrirán. Los decorados, los vestuarios son perfectamente impersonales, unas oficinas en obras, una multitud de camisas blancas y corbatas. No hace falta más, porque juntos, despojados como están de detalles, funcionan a la perfección.
La narración. Al tratarse de tres personajes que interaccionan por separado, la narración había de ser a la fuerza fragmentaria. Se estructura en escenas con una alta carga de humor, fundamentado básicamente en insultar a la sorda, unos le llamaran negro, otros dirán ofensivo, separadas cada cierto tiempo por cortinillas negras y música de percusión contundente, donde se refleja el avance de las semanas.





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