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primera acción yambrica
:: t.m.s.::

Nosotros, sujetos yámbricos, planificamos nuestras acciones como pequeños hurtos a joyerías. A cara descubierta, con modales educados, pedimos a la joyera que nos enseñe este anillo, aquellos gemelos. Sin que jamás llegue a sospechar, desplegamos nuestras habilidades de prestidigitación, hacemos desaparecer una pieza pequeña…
Rechazamos el estruendo del butrón, la tensión adrenalínica de la escopeta recortada y la careta de mickie mouse.
En realidad, nosotros somos ahora seres tímidos, deseosos de comenzar a caminar el atrevimiento. Nuestra primera acción ha consistido en una entrevista robada.
La herramienta: TP-VA300, grabadora de microcassettes, velocidad de la microcinta 1,2cm/segundo.
El entrevistado: un cliente del bar de S., un anciano de más de 70 años, inmigrante una década en Alemania.

Acude a la cita, media hora tarde. El grabador queda escondido dentro de un bolso de tela verde, dejado encima de la mesa, con la cremallera abierta, como una boca atrapada a mitad de un bostezo.
El anciano viste traje, camisa, corbata, y bajo ellas un jersey de cuello alto, su verdadera personalidad bajo el disfraz.
S. le ha citado con la excusa de que un amigo suyo quiere irse a trabajar a Alemania. Ese amigo soy yo y debido a mi calidad de ser yambrico, me noto acobardado al principio, justificando mi papel. Me pregunta si iré a Berlín y me sale contestarle que a Duselsorf. Y peroro, durante un instante, sobre unas vacaciones en Berlín y sobre esta ficticia oportunidad de trabajo. Su respuesta es sencilla, hace tiempo que ha dejado de escucharme o que me escucha en un segundo nivel.
“hay letras que tienen dos puntos” dice. Y pronuncia la ü de Dusseldorf como se debe hacer y luego vienen sucesivos ejemplos de letras con diéresis.
Empieza a hablar, recorriendo temas como un ratón recorre un laberinto, de forma exhaustiva, buscando palabras alemanas hasta agotar cada materia, hasta pararse en un callejón sin salida. Nuestra participación es pequeña, alguna pregunta, algún comentario. Lo largas que son las palabras del alemán.

Pide un café y al terminarlo se enciende un cigarrillo. Fuma a escondidas. Solo fuma lunes, domingo, miércoles y viernes. Un único cigarrillo, cada uno de esos días. Al explicarnos esa costumbre prohibida menciona a su hermana, solo lo sabe ella “que esta aquí al lado” y me da la impresión de que señala la silla vacía y entonces debe referirse a un espíritu.

 


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