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moviéndome por china[1]



:: Luis Sacristán ::

En primer lugar, disculparme por haber demorado tanto en otra entrega de este espléndido país. Y lo digo con todas las letras de la palabra. Pese a las costumbres que nos parezcan mal, o en algunos casos, incluso a mí me horroricen (las hay en todos lados), este país sigue teniendo un espíritu infantil. No en el sentido de tonto, sino de inocente y a veces “buena gente”.
Os resumo lo último que me ha pasado, que es algo que a cualquiera le puede pasar, y que con la ayuda de un local, es fácilmente entendible y hasta apreciable.
Vengo de un viaje de trabajo a una fábrica de motos. Está a una hora y media del aeropuerto más cercano. Para aquellos curiosos, se llama Yiwu, y esta a unos 400 kilómetros al suroeste de Shanghai. Pese a la relativa cercanía (en comparación con la magnitud de esta nación) a la multicultural mega polis, existe una diferencia abismal a todos los niveles. Económico, social, ambiental, y todos los “tales” que podamos poner.
A lo que iba. Ayer aterrice en un aeropuerto en el que no había vías de rodaje, el avión, tras aterrizar, gira sobre sí mismo en la pista y regresa a la terminal, donde hay una puerta de entrada y una de salida. Obviamente, hay una sala de espera. Acostumbrado a los 20º C de Guangzhou, donde resido, los 5 que me recibían, me supieron a gloria. Tras pasar la puerta de llegadas, una avalancha de taxistas profesionales y “rémoras al quite” esperan la llegada de todo el avión. Te abordan con un “jalou” (leer como está escrito) y te enseñan la llave del coche. Lo normal, salvo que tengas un acompañante que se la sepa, es que compartas el mismo auto con otros clientes. Es como un mini-bus personalizado. En mi caso, compartí con dos chicas que iban a ver a sus novios, y un empresario nacional que iba, igual que yo, “de negocios”. Tras 15 minutos muy agradables, todo sea dicho, llegué a mi hotel. Por fuera, las 3 estrellas parecían una, pero al entrar, comprobé que la calidad del sitio merecía la calificación.
Subí a mi habitación, y cuando hube sacado las cosas necesarias, decidí marchar a ver la ciudad, un poquito, y menos todavía, siendo las diez y media, y estando el pueblo acostado o a punto. Al menos pude tomar unas fotos, y ver que los coches patrulla de la ciudad son vehículos eléctricos de golf adaptados para el uso. Me pareció muy interesante y en realidad un avance, por economía y por contaminación ambiental y acústica. A mi regreso a la habitación, me conecté en Internet para mandar unos documentos que debía a mi jefe...
Todo ha ido normalmente durante la visita. Algunos defectos que he detectado, y desde allí, a Hangzhou. Esta ciudad, famosa por su lago en mitad de la urbe, me preparaba una sorpresa, que al final hemos podido resolver entre la chofer (sí, ella), y un servidor. En un principio, y puesto que en Shanghai me esperaba otra importante reunión, me debía desplazar en autobús. Supongo que el servicio férreo será más rápido, sobre todo porque no hay atascos en las vías. Pero al llegar a la estación, hemos descubierto que los autobuses programados para ese día ya habían salido.


 

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