relatos del yugo

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mandamases[1]


::cesar::

Como os iba diciendo, o quería decir mi planteamiento del problema es que salvo en contadas ocasiones los jefes que nos mandan no suelen ser los más indicados, éste era el caso del primero de ellos, que es el que perdí, lo que os contaba es que el susodicho elemento la única ventaja que tenía sobre los que mandaba es que era capaz de escribir con menos faltas de ortografía que los demás algún que otro escrito no mucho más largo que éste, y tenía la capacidad, como seguro que todos vosotros habéis sufrido, de solucionar todos sus errores, defectos, incompetencias con una buena dosis de voces, gritos y algún que otro insulto, así como parte importante de peloteo.

Hablando de esto, me viene a la memoria otro sucedido con otro jefe, por cierto anterior en el cargo a éste del que estamos hablando, digamos que se trataba de un señor a punto de jubilarse y que toda su intención era la de hacerlo aprovechándose de la empresa todo lo posible, para ello, aparte de echarse sus siestecillas a eso de las 4 de la tarde sin ningún rubor porque alguien le viera los pies apoyados encima de la mesa y asomando por la cristalera del "despacho", mandaba a 9 tíos que hicieran trabajos para él ,que por supuesto eran ajenos a la empresa, posponiendo trabajos de la misma que realmente corrían prisa, además de lo dicho se tomaba diariamente unas buenas cantidades de alcoholes varios, lo cual influía notablemente en su relación con sus empleados, que en el caso que nos ocupa éramos mi padre y yo; estábamos ambos subidos a un forjado soldando una serie de cosillas y por alguna razón que no acabo de entender los de la obra que deberían tener una serie de trabajos realizados para cuando llegásemos nosotros, no sólo no los tenían, sino que además pasaban de nosotros olímpicamente, entonces llegó este hombre, venía de tan buen humor que según llega como se nos veía desde abajo nos dice "vamos que como si fuerais un padre y un hijo..." y demás tonterías de este estilo, pero mi padre (que en ése momento era mi encargado) le comentó la situación, montó en cólera, hasta tal punto que yo no sabía donde meterme y empezaron a desfilar obreros a realizar los trabajos que no habían realizado con una urgencia nunca vista en peones de la construcción. De esto sacamos la conclusión que para ser jefe en ocasiones hay que dar voces y gritos para que te tomen en serio, no obstante hay que darlos cuando proceda y sabiendo que tienes razón, puesto que si no lo que ocurre es que aún te desacreditas más.


 


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