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cosas sobre david foster wallace[1]

:: manel peña::

Después de unos meses en los que vuestro guía bibliográfico-espiritual ha estado tan ocupado a) comiendo pinchos, b) leyendo comics de Ralph Konig y c) jugando a tenis de mesa que no ha tenido tiempo para reflexionar acerca de la verdad que indiscutiblemente se esconde en los libros, vuelve esta humilde sección yambriesca. ¡Vamos para allá!

Hace cuatro o cinco años el mundillo literario-editorial (ya sabeis, “Babelia”, “El Cultural”, revistas de libros...) se volvió un poco loco con lo que se dio en llamar los “Nuevos Narradores Americanos”. Bajo este generalista cartel se dio cobijo a autores tan inclasificables como el imprevisible Chuck Palahniuk, Ethan Canin, la grandiosa Lorrie Moore (buscad sus libros “Hospital de ranas” y “Pájaros de América”), el cargante Jonathan Franzen, Rick Moody (maravillosa “Tormenta de hielo”), Michael Chabot o, el autor que nos ocupa, David Foster Wallace. El nexo de unión de esta nueva camada de narradores para el siglo XXI se encontraba, según The New Yorker, en el factor posmoderno que caracteriza la visión de la sociedad que tienen estos autores (a los que cabría añadir otras figuras ya conocidas como Douglas Coupland o Don DeLillo): ya no se trata de reflejar la sociedad tal como es sino cómo se percibe esta sociedad a través de la televisión, la madre del cordero de la sociedad occidental. En los artículos-ensayos de Foster Wallace son innumerables las referencias al lenguaje televisivo, las reflexiones sobre el efecto de la televisión en la sociedad, cómo nuevos significados son “filtrados” por la televisión, etc... La gente que ahora ronda la cuarentena en los Estados Unidos son la primera generación que creció con la televisión puesta todos los días, con un consumo medio de casi cinco horas diarias: la manera cómo esa sociedad se piensa a sí misma, que es lo que hacen los escritores, se ve indiscutiblemente afectada.

David Foster Wallace me parece el más lúcido de todos estos autores, el más interesante y sobre todo el más divertido. Su obra se limita hasta el momento a cuatro libros publicados en España por Mondadori, pero se trata de una obra lo suficientemente sorprendente como para que le dediquemos unos minutos de nuestras valiosas vidas(1).

“La Niña del pelo raro” y “Entrevistas Breves con hombres repulsivos” no están mal, pero se trata de una colección de relatos, cuentos cortos y experimentos narrativos varios que circulan alternativamente de lo brillante a lo irritante. En la academia valoramos el hecho de que quieras hacer algo original, David, en serio, te lo agradecemos, pero algunos de estos experimentos tienen su interés precisamente por su voluntad de experimentar(2). Se nota que el tío acababa de salir de la universidad y que por nada del mundo intentaría hacer una imitación de Hemingway, Fitzgerald o Faulkner, la santísima trinidad literaria sobre la que gravitan el 95 por ciento de los autores americanos actuales (y algunos europeos).


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